Sunday, April 09, 2006

La Pamplonada del 2001 (1)...

En el 2001 tuve mi primer y único viaje a Europa, (hasta ahora, pues si quiero regresar) y pues creo que viajé como cualquier estudiante lo hace; de la forma más básica, pobre y elegante: de mochilazo. Algún día hablaré mas del viaje, pero pues puedo decir que fui con Mario, su hermano y un amigo nuestro llamado Christian (que no lo he vuelto a ver desde hace como 3 años); el propósito del viaje, era también ver a la que en ese momento era mi novia. Se llamaba Martha Otero y pues como su papá era gallego, pues iban cada verano a España, por lo que se acentuaron mis ganas por ir, ya que imaginen, irse a Europa con tu mejor amigo y de paso estar con tu novia, creo que eso es algo se tiene que vivir. En general estuvimos un mes en el cual estuvimos en España (Madrid, Barcelona, Galicia, Toledo y Pamplona) al igual que 3 días en Inglaterra. Pero pues creo que de las anécdotas más importantes y muy divertidas se cuentan las de Pamplona, donde me tocó vivir las fiestas de San Fermín.

Estaba todo planeado, desde el hecho de tener los boletos de tren, hasta las cámaras de fotografías, listo para poder emprender el transcurso. De hecho me comentó Mario que la opción para ir es llegar en la noche a Pamplona, quedarse a toda la fiesta y finalmente esperarse al encierro que es a las 8 de la mañana aproximadamente. Una vez que los toros corrieron por los callejones, el pueblo muere hasta la siguiente noche, por lo que es necesario irse como a las 12 del día si es que no tienes hotel por ahí. Como dije, todo lo teníamos planeado, pero un detalle no consideramos: el tiempo que tardó Mario en ir a la peluquería.

Dejen me explico, resulta ser que la famosa tienda Zara (ropa piche, pero precio caro) en Barcelona tenía una boutique donde te podías cortar el cabello (que payasada la verdad) y pues ¿Por qué no? Mario decidió que el mejor momento era ir faltando una hora para que el tren saliera de la estación. Y resultó cierto, pues por mas que corrimos, nos quedamos viendo como el tren se alejaba de la estación y nosotros con todas las cosas preparadas (a eso hay que añadir que los boletos ya estaban agotados para irse en tren) incluyendo el boleto de regreso el siguiente día a las 11 de la mañana. Obviamente todos le pegamos a Mario hasta que nos cansamos (que en realidad no fue mucho tiempo, pues considerando que comíamos poco, no teníamos fuerzas) y nos pusimos a pensar en la mejor forma para poder llegar sin desperdiciar los boletos de regreso (la opción de poner a Mario a vender chicles tampoco nos gustó, pues lo podían deportar de regreso).

Al fin pudimos conseguir un transporte, que fue un camión que salía hasta allá, pero obviamente hacía mucho más tiempo y era más incómodo que el tren. Además que nos pasaron películas dobladas en castellano de España, el mendigo autobús hacía paradas cada 2 horas para que consumieras en las tiendas especializadas, donde se tiene convenio con la compañía de camiones. Al final llegamos a Pamplona como a las 10 de la noche cansados y molidos, pero no había la opción de descansar, pues además de que había mucha gente, no teníamos donde dormir, pues como dije, en 12 horas aproximadamente salía el tren de regreso.

Lo primero fue cenar, así que en un puesto callejero encontramos que alguien vendía una cosa llamara “butifarra” (es un embutido catalán, pero quien sabe de qué) y pues era barata. Yo vi a la butifarra como un peperami pero de color más obscuro, y pues tenía el sabor de chorizo, así que no fue mucho el cambio de sabor. Así que eso fue nuestra “gran cena” (es como si un extranjero viene a México y cena en un puesto de la calle donde venden “tacos campechanos” y no sabe de que son), además de un “rico” calimocho (vino muy corriente con coca). El puesto estaba lleno de extranjeros, que me imagino que como nosotros no sabían que cenar y como fue lo primero que vieron, fue su opción. Una vez que cenamos, nos dispusimos a buscar lo siguiente que se hace en Pamplona: tomar.

Al ser las 10, casi las 11 de la noche, todas las tiendas están cerradas, por lo que el poder encontrar una fue toda una odisea, tomando en cuenta que estaba muy chiquita y que el dueño le veía a todos la cara de turistas, por lo que el precio lo subía como le daba su regalada gana. Para no hacer largo el cuento, les diré que para nosotros 4 compramos 8 botellas de vino (entre espumoso, blanco, tinto y no se que más), en total salió en 120 pesos mexicanos; si, se que suena barato, pero quien sabe que rayos nos tomamos, lo bueno es que nadie se quedó ciego, solo a Mario le afecto en su lenguaje… ah perdón, el nació así. No se puede describir la forma en que empezamos a darle vuelo a la hilacha con ese vino, pero si puedo decir que el primero en no estar cuerdo con su mente y su cuerpo fue Christian, ya que en algún momento se vio afectado por los efectos etílicos que en una calle llamada “Rua de los Baños” (calle de los baños…. apa nombrecito para una calle de la ciudad donde hay muchos borrachos) descargó su vejiga, argumentando que el nombre decía eso y que la verdad se le hacía normal hacerlo (creo que cualquiera podría pensar eso ¿Qué no?).

Tiempo después recuerdo que nos encontramos a un grupo de mexicanos y de alguna forma empezamos a cantar el “Cielito lindo” (lo se, a uno le brota el “nacionalismo” solo por estar 4 días fuera de casa), “El Rey” y no se que otras canciones. El chiste es que de repente cada vez que los veíamos cantábamos algo, eso si, entre más pasaba el tiempo, la canción tenía unos acentos distintos, y las palabras se alargaban. Por otra parte, Christian vio un vendedor de collares como africanos o algo así y compró 4, uno para cada uno de nosotros. Y pues el escenario es lo mejor, 4 mexicanos con collares y cantando, no es la mejor imagen que uno puede dar de su país. Por lo que sé, a Mario y a su hermano Lalo el vino les hicieron los mandados, pero a un servidor que no está totalmente familiarizado con tomar vino de “baja categoría” (ni de buena, de hecho creo que ni se apreciar una buena bebida) le pasó lo mas divertido. De alguna forma, siendo las 2 de la mañana y medio fundido, pues la opción es dormir, y que más si es en la banca del parque central de Pamplona; si, como todo un buen vagabundo. Y para acabarla de fregar, Lalo me tapó con periódicos, no se si por buena persona, o por el afán de que la gente se riera de mi como todo un vago.

Pronto contaré la segunda y mágica parte, donde viene la corrida de los toros, donde creo que lo mejor fue la adrenalina y el que no lo vuelvo a hacer. Pero de mientras espero que todos tengan un buen inicio de semana santa, y que los que tiene vacaciones a partir del lunes lo disfruten, pues yo solo tendré a partir del jueves (no puedo pedir una vacaciones… acabo de entrar.. jaja).

1 Comments:

At 2:21 PM, Blogger ulises said...

wow! España!!! que padre, algun día iré, a Barcelona... la punta de la flecha del diseño actual... je, primo, nos caes bien aunq tengas facha de vagabundo!!!! jaja q divertido!

 

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